lunes, 2 de diciembre de 2019

voces- rufus

Self-help guide to dialoguing with voices

Rufus May and Elisabeth Svanholmer

Guía de autoayuda para dialogar

con voces

Rufus May y Elisabeth Svanholmer

 

 

1. How can I talk to the voices I hear?

¿Cómo hablar con las voces que oigo?

Here are some different ways you can try:

A continuación, te sugerimos algunas formas de hacerlo que puedes poner en práctica:

• Talking out loud – if in public maybe use a mobile phone or wear a headset. Talking out loud can feel scary but some people who hear voices find that it helps them be firm and assert themselves.

• Hablando en voz alta –usa un teléfono móvil si te encuentras en un lugar público o unos auriculares (manos libres). Puede que te de miedo hablar en alto con tus voces pero a algunas personas que oyen voces les ayuda a hacerse valer frente a ellas con firmeza.

• Inner speech – talking with the voices inside your head or mind.

• Diálogo interior –hablando con las voces mentalmente, en tu cabeza.

• Writing out a conversation – you can write questions to the voices and write down their answers. Or you can just write down what they say – a bit like a secretary. Voices tend to like to get your full attention and writing down what they say can be a way to pay attention to them. 

• Escribiendo una conversación – escribe preguntas para las voces y luego escribe las respuestas que te den. O simplemente escribe lo que digan como si fueses su secretario/a. En general a las voces les gusta acaparar tu atención: poner por escrito lo que dicen es una forma de prestarles atención.   

 

 

 

 

Whichever way you try, it may be worth considering making it time limited. Tell the voices in advance that you will be talking with them or listening to them for 10, 20 or 30 minutes. If you are worried about losing track of the time you can set an alarm to help you.  You don’t want to spend all your time talking with the voices. Some people describe getting drawn in to the voices world and forget to spend time with other people and doing things they like. It’s important to get a balance and limiting the time you spend with the voices (as described above) can be a way of finding that balance.

Sea cual sea la forma elegida, conviene limitar el tiempo que dedicas a hablar con las voces. Comunícales cuanto tiempo les vas a dedicar de antemano: diles que vas a estar hablando con ellas o escuchando lo que te cuentan durante 10, 20 o 30 minutos. Si temes perder la noción del tiempo, utiliza un despertador. No es bueno que pases todo el tiempo hablando con las voces. Algunas personas cuentan como las voces los arrastraron al mundo de las voces haciendo que se olvidasen de pasar tiempo con otras personas o dejasen de hacer las cosas que les gustaba hacer. Es importante encontrar un equilibrio y limitar deliberadamente el tiempo que destinas a conversar con las voces (en alguna de las formas descritas anteriormente) es una forma de encontrar el equilibrio buscado.

2. What if I find the voices too controlling?

2. ¿Qué hago si me parece que las voces son demasiado controladoras?

It is not uncommon that the voices are demanding you carry out actions. They may make threats or try to bully you into doing things, promising they will be nice to you or go away if you do what they say.

No es infrecuente que las voces te pidan que hagas cosas. Estas pueden proferir amenazas u hostigarte para que obedezcas, prometiéndote que serán buenas contigo o que se irán si haces lo que dicen.

The first thing you might want to learn to do is to assertively set boundaries.

Lo primero que te sería útil aprender es a poner límites con firmeza.

You can practice standing up to your voices with a friend or supporter.

Puedes practicar cómo hacerle frente a tus voces con la ayuda de un amigo, o alguien que te dé apoyo, en el rol de voz, a modo de ejercicio.

If a voice says: “cut yourself”, you can practice saying something like “no I want to find another way to cope with my distress”

Si una voz te dice: “hazte un corte”, a modo de ejercicio le respondes por ejemplo algo como ‘No. Quiero encontrar otra forma de lidiar con aquello que me hace daño”.    

If a voice says: “kill yourself”, you can practice saying back “I want to live” or “I choose life”.

Si una voz te dice: “suicídate”, le respondes “quiero vivir” o “escojo la vida”.

If a voice says: “don’t go out”, practice saying “I want to go out because I need/want... (fresh air/to see my friends/exercise/do the shopping etc)” Practice saying back things clearly and confidently.

Si una voz te dice: “no salgas de casa”, ensaya diciéndole “Quiero salir porque necesito/quiero… (tomar aire fresco/ver a mis amigos/ hacer ejercicio/hacer la compra, etc.). Practica como responder a la voz con confianza y claridad.   

Look at the kind of things the voices you hear usually say and think of things you can say back.

Piensa qué tipo de cosas te suelen decir las voces e imagina lo que les responderías.

Practising with yourself or a friend is good because you may feel overwhelmed when the voices come along and then it is easy to forget what you had planned to do.

Practicar lo que les vas a responder a las voces—contigo mismo/a o con un amigo—te ayudará a no agobiarte tanto (es fácil sentirse desbordado) cuando las voces aparezcan y a no olvidar lo que habías planeado decirles.

When you have practised it, it can be easier to do. Like practising sport or playing an instrument – when we rehearse things they come more easily to us when we are under pressure. 

Todo resulta más fácil si practicamos. Nos resulta más fácil hacer cualquier cosa bajo presión si entrenamos (deporte) o ensayamos (instrumento).

3. What if the voices are too offensive?

3. ¿Qué hago si las voces son demasiado ofensivas?  

If your voices are insulting you can try saying: ‘when you say “…………….. (example of the words the voice uses)” I feel hurt or sad because I need respect to feel safe.

Si tus voces te insultan, prueba a decirles:

 ‘cuando me llamas “……….. (un ejemplo de alguno de los insultos que la voz utilice)”

hieres mis sentimientos y me entra miedo y me siento triste porque necesito que me trates con respeto para sentirme segura/o.      

So please can you talk to me in a more kind / respectful way’.

Entonces, por favor, sé más amable/respetuosa cuando me hablas. 

 If a voice continues to be disrespectful and you feel upset you can terminate the conversation and let the voice know that you need to be talked to respectfully to engage in a conversation.

Si la voz continua faltándote al respeto y te hace sentir mal, ponle fin a la conversación. Explícale a la voz que accederás a conversar con ella sólo si se dirige a ti con respeto.      

4. How do I start a conversation with the voices?

4. ¿Cómo inicio una conversación con las voces?

You can try being a role model for how to do respectful conversation by greeting the voice saying: “hello” and asking: “how are you?” 

Intenta dar buen ejemplo a la voz de como conversar respetuosamente. Salúdala con un “hola” y después pregúntale “¿cómo estás?  

Think about how you would start a conversation with someone you’ve just met.

Piensa en como empezarías una conversación con alguien al que acabas justo de conocer. 

Even if you have heard the voice for a long time, you may feel that you don’t really know it very well.

Aunque hayas estado oyendo una voz desde hace mucho tiempo, es posible tener la sensación de no conocerla muy bien.

 

When we meet new people, what do we do to show that we are curious about them?

Cuando conocemos a gente nueva, ¿cómo les demostramos nuestro interés, la curiosidad que en nosotros despiertan?

5. What if the voice does not want to talk to me?

5. ¿Y si la voz no quiere hablar conmigo?

There may be times when voices don’t want to talk.

Habrá momentos en los que a las voces no les apetezca hablar.

It can create difficulties if you try and force a voice to talk with you when it doesn’t want to.

Tratar de obligar a la voz a hablar contigo cuando no quiere puede empeorar las cosas.

The hope is that you can create a better relationship which means being respectful. If you try and force a conversation it can easily turn into an argument.

Estamos buscando forjar una mejor relación con la voz para lo cual es necesario que os tratéis mutuamente con respeto. Si intentas forzarla a hablar contigo,  el riesgo es alto de que acabéis discutiendo.

If a voice doesn’t want to talk you can ask it: “when would be a more convenient time to talk?”

Si la voz no quiere hablar contigo, pregúntale cuándo sería un buen momento para hablar. 

Even if the voices do not respond to what you say, you can say ‘yes’ or ‘no’ to yourself in response to things they say.

Aun cuando las voces no responden a las preguntas que les hagas, es posible establecer un diálogo con ellas respondiendo tú a las cosas que ellas dicen con un ‘sí’ o un ‘no’.

You make your own opinion and standpoint clear. This is a way to let the voices know you are listening and that you have your own way of seeing things.

Expresa tu punto de vista y da tu opinión de forma clara. Es un modo de hacer saber a las voces que estás escuchando lo que dicen y de mostrarles que tienes una opinión y perspectiva propia.

Voices might behave dismissively at first or try to deter you from talking with them by being avoidant, aggressive or patronising. Some voices refuse to respond at first and pretend like they can’t hear you. Don’t give up if this happens. 

Puede que las voces te traten inicialmente de forma despectiva e intenten disuadirte de entablar una conversación con ellas mostrándose elusivas, agresivas o condescendientes. Algunas voces al principio se niegan a responder y hacen como que no te oyen. No desistas si esto sucede.

Voices might like to know if you are going to stick with them, like they are testing you to see how determined you are.

Es posible que las voces estén intentando asegurarse de que tu interés sea duradero, y de que no las abandonarás, y estén poniendo a prueba tu resolución.

If you stick to doing things respectfully and keep letting them know you are interested in them, things can change over time. 

Si mantienes un trato respetuoso y reafirmas tu interés en ellas una y otra vez, puedes conseguir que cambien de actitud con el tiempo.

Voices might have learned not to trust anyone who is nice to them or they might think your new way of treating them is just a strategy to get rid of them or manipulate them.

Puede que las voces hayan aprendido a no confiar en todo aquel que se porte bien con ellas y teman quizás que tu nueva forma de tratarlas no sea más que una estrategia para deshacerte de ellas o estés intentando manipularlas.

They might not like new things or that things are changing so at first, they can try and keep things the way they are by ignoring or intimidating you.

Es posible que no les guste lo nuevo o que las cosas cambien de modo que al principio les costará aceptar esos cambios y tratarán de mantener las cosas como están ignorándote o intimidándote.

If they have had a lot of power in your life, they might not like the idea of losing control over you. 

Si solían tener mucho poder sobre ti, puede que no les guste perder el control que han estado ejerciendo en tu vida.

6. What if the voice uses a lot of swear words?

6. ¿Y si la voz dice muchas palabrotas?

Voices might be aggressive when they are angry or confused. Or it might be because they know it will make you pay attention to them.

Las voces pueden dirigirse a ti con agresividad cuando están enfadadas o confusas. O porque saben que así les harás caso. Cuando una voz diga palabrotas, pregúntale si está enfadada o disgustada por algo que haya podido ocurrir. Proponle prestarle atentamente atención a ella o a él durante 5 o 10 minutos a condición de que pare de soltar tacos.  

You can try and ask a voice that swears, whether he/she feels angry or upset about something. You can also tell the voice that you will pay attention properly to what he/she has to say for 5 or 10 minutes but only if he/she stops swearing.

7. How can I keep the conversation respectful?

7. ¿Cómo puedo para mantener la conversación en términos respetuosos?

You can request that the voice treats you with respect and make an agreement that, if the voice is unable to do this, you will need to stop the conversation.

Pídele a la voz que te trate con respeto e intenta llegar un acuerdo con la voz según el cual si la voz te falta al respeto te verás obligada/o a interrumpir la conversación.  

Remember to stick with the agreement yourself too. Be respectful but also remember to stop the conversation if the voice is being disrespectful.

Recuerda que tú también debes cumplir tu parte del acuerdo. Trátala a la voz con respeto. Si ella o él te falta al respeto a ti, corta la conversación.   

The voice may be testing your resolve and try and push your buttons. Try not to get drawn in to a shouting match.

Es posible que la voz esté tanteando tu determinación y tu susceptibilidad   pinchándote. Intenta no dejar que te arrastre a una competición de gritos pero, en el caso de que así ocurriese, sé comprensiva/o contigo misma/o. Estás intentando hacer las cosas de otra manera. No es fácil al principio.   

If you do, remember to be kind to yourself.

You are trying to do things differently and that can be hard at first. 

8. What if the voice does not seem to make any sense?  

8. ¿Y si lo que la voz dice parece no tener sentido?

You could try writing down what the voice is saying and look at it later with somebody to see if you can find some meaning in what it is saying.

Anota lo que la voz dice para, en otro momento, con la ayuda de otra persona, examinar lo que la voz ha dicho y tratar de encontrarle sentido juntas/os.

You can ask the voice to clarify or you can ask it questions for it to answer with a ‘yes’ or ‘no’. 

Pídele a la voz que te explique mejor lo que te quiere decir o hazle preguntas que ella pueda contestar con un sí o un no.  

You can try and ask the voice why it is talking the way it is; maybe it likes to be mysterious, maybe it has its own language or is speaking a language you don’t know or maybe the voice is feeling very confused and overwhelmed. 

Intenta preguntarle por qué habla de esa manera; quizás le guste expresarse de una forma un tanto misteriosa o a lo mejor habla en un idioma propio o en un idioma que tú no conoces; puede que la voz simplemente se sienta confusa o abrumada.

Sometimes building a relationship means you have to try and find a common language that you can speak to each other.

It’s the same with people – like some professions have their own jargon or some areas have their own dialect.

En ocasiones, encontrar un lenguaje común que ambas, la voz y tú, entendáis puede ser necesario para construir una relación. Con la gente pasa lo mismo, en algunas profesiones tienen su propia jerga y en algunas zonas geográficas su propia habla.  

Some people like to talk using abstract and philosophical words and other people have a very down to earth way of talking.

A algunas personas les agrada usar palabras abstractas y elevadas. Otras en cambio prefieren expresarse de un modo más sencillo, práctico, prosaico.  

Sometimes we have to ask each other what we mean when we say certain things or use certain words.

En cualquier situación de la vida cotidiana, una persona puede necesitar hacer preguntas a su interlocutora para asegurarse de que entiende lo que esa otra persona está intentando decirle.

Maybe you and the voice you hear need to negotiate a way of talking that you are both okay with. 

Existe la posibilidad de que tú y tu voz necesitéis negociar una forma de hablar en la que ambas os sintáis cómodas.

 

 

 

jueves, 4 de julio de 2019

Mad in America Hisp. testimonio

Atar seres humanos en Galicia y la falacia de la falta de medios. Prohibido llorar.

Iria Rodriguez L. Meixueiro 2014. Correas. Medicación forzosa. Denuncias al 061 

Me preocupa que algunas diputadas autonómicas y no autonómicas en España, ministras, mujeres políticas, de izquierdas, bienintencionadas, en la oposición o ya no, aún se crean los cuentos habituales del personal de las diferentes plantas psiquiátricas en España a la hora de justificar restricciones mecánicas y medicaciones forzosas (ambas prácticas caminan juntas de la mano). Tienen ellas, todo mi respecto y mi cariño (aunque en días como hoy me coma la rabia… hoy es 1 junio de 2021): sé a quién se enfrentan—a unos políticos que se burlan de ellas constantemente y que constantemente mienten dificultando su tarea—y a unos profesionales acostumbrados a tapar sus trapos sucios. Me gustaría contarles desde mi experiencia en primer persona cuales son las prácticas habituales y como son las personas que acaban encerradas allí—mi experiencia se reduce únicamente a una estancia forzosa de 11 días en la planta psiquiátrica del Hospital do Meixueiro (Vigo). No creo que la forma de operar difiera en mucho de la de otras plantas de psiquiatría de España y por lo que tengo entendido gracias a la ingente labor de tantos activistas extranjeros sé que no difiere de la de otros países del primer mundo, como Reino Unido, Francia o Estados Unidos. Fui ingresada de forma accidental a raíz de una denuncia falsa al 061 que realizó mi madre. Las denuncias al 061 constituyen un agujero en el Estado de derecho, esas intervenciones son llevadas a cabo por personas con muchos prejuicios, sin formación — ¿alguien tiene formación en España?—que dan por supuesto que la denuncia es cierta sobre todo si la realiza una madre pues las madres son unas santas abnegadas (patriarcado). En aras de una supuesta necesidad de actuar con urgencia ante el hipotético comportamiento violento de la persona denunciada, del loco o la loca, se les permite sedar a los futuros pacientes por la fuerza sin tener en cuenta las substancias bajo las cuales puedan estar, interacciones diversas de medicaciones, problemas de salud. Bien, no muy diferente de disparar un TASER o balas. Una persona sedada no tiene cómo defenderse. Las sedaciones no son dosis pequeñas. A algunas personas, las más sensibles, les genera un malestar terrorífico que puede durar meses. O matarlas ese mismo día. Podría decir que no tiene sentido que una persona, entre comillas, sana corra el riesgo de ser encerrada accidentalmente en un lugar como ese por una mala arquitectura del sistema que tiene como función mantener el orden público pero en realidad llegué pronto a la conclusión de que nadie debería ser encerrada en un lugar como ese. Por un lado, porque mezclar fuerzas del orden y salud mental es bastante cuestionable. Cualquier activista bien informado, superviviente de la psiquiatría o profesional da salud mental progresista no-cuerdista no-capacitista aliade, o todas esas cosas a la vez, sabe y afirmará que las personas que experimentan estados alterados de la consciencia muy probablemente hayan sufrido en algún momento de sus vidas violencia, o la estén sufriendo en presente—sus mentes, almas y corazones sufren como resultado de esa violencia—no la ejercen o ejercerán muy en general a excepción de casos muy específicos en los que se entremezclan muchas otras cosas. A veces las personas reaccionan a la violencia con que son tratados, pero se trata de una reacción (muchas veces buscada por los “profesionales” para justificar sus acciones). Algunas personas, presas de la paranoia, debido probablemente a episodios traumáticos alejados en el tiempo, tras pasar por el psistema y como consecuencia de ello (correas, pneurolépticos) empeoran tanto que acaban agrediendo por miedo a aquellas personas a las que aman, que los cuidan, como el señor que arrojó por la ventana a su mujer en Vigo en 2015 porque creía que era un demonio. Ella misma intervino para sacarlo del Hospital Álvaro Cunqueiro porque no soportaba como lo estaban tratando. Según la prensa estuvo atado y, probablemente, fuertemente medicado. Por otro lado, porque el lugar en sí mismo no está diseñado para curar. El destino me llevó a ese lugar, acudí por mi propio pie como atraída por su aura negra. Me dejé llevar a pesar de mi intuición en contra, como arrastrada por un extraño sentimiento similar a la curiosidad infantil de una niña que mete una horquilla en un enchufe para ver qué se siente. Y no, no me gusta quemarme ni electrocutarme, aprendí la lección. Aún no sé muy bien qué hacer con todo lo aprendido. Como utilizarlo de forma que le pueda ser útil a los demás. Pronto. Este artículo es parte de esa búsqueda. Mi lentitud me resulta frustrante. Pero el enemigo da miedo y es poderoso. Manipulador. La vecindad en mi infancia y adolescencia de un hospital psiquiátrico (O Rebullón) me marcó y creó en mí un cierto desasosiego. No entiendes lo que ves—o lo entiendes como los que mandan quieren que lo entiendas—ni lo que sientes hacia esas personas. Qué está sucediendo. La necesidad de saber. A veces sólo hay un único modo. Entiendo lo sucedido como una oportunidad que me brindó la vida de realizar una suerte de experimento de Rosenhan, involuntario y no previsto, que me pudo haber costado la vida. Ha habido muertes. Atada, superdrogada y con una brecha en la cabeza… no estoy exagerando. Para una persona que nunca había tomado medicación… el cóctel inicial resultó ser brutal: me desperté al tercer día. 33 años de edad. Semana Santa. Creo que desperté un jueves pero igual era viernes. Todavía no puedo entender cómo a la auxiliar que cambió las sábanas no le chocó ver sangre en la almohada. Necesitamos romper con las inercias que nos nublan la mirada. Y crear herramientas ágiles para que el personal pueda denunciar hechos que atenten contra la vida o dignidad de los pacientes, sin represalias. Pienso de todas formas que un hospital non es lugar para curar heridas del alma, de la mente… ‘x’. Acudí voluntariamente al hospital harta del comportamiento de mi madre. No me ocurría nada. No había hecho nada. No estaba experimentando ningún estado de consciencia extraño o extraordinario. Por el contrario, a mi madre le ocurrían muchas cosas. A ella. Sobreestimulada por los efectos de la peligrosa sulpirida, comercializada como DOGMATIL, que su médica de atención primaria le había prescrito –con la frivolidad habitual propia de las profesionales gallegas—para el vértigo sin prevenirla de que se trataba de un neuroléptico ni de sus peligros: mi madre estaba tomando así mismo paroxetina y bromazepam regularmente y por supuesto alcohol (vino, aguardiente); pero estaba lúcida. Permitidme presuponer que el funcionamiento de la planta de psiquiatría del Hospital do Meixueiro no difería entonces del de otras plantas psiquiátricas del territorio español como probablemente no difiera en mucho del funcionamiento de las nuevas plantas del nuevo hospital ubicado en Vigo, el Alvaro Cunqueiro: dos plantas (adultos y adolescentes, mezclados o segregados, lo desconozco). Para niños leí en la prensa que hay 5 camas en pediatría. Hay consulta externa de pedopsiquiatría, lo cual ya es bastante preocupante en sí (THDA, anfetaminas, Ritalin). Por la prensa se sabe que se está realizando electroshock en el Hospital do Meixueiro. Es decir, el viejo hospital ha quedado relegado a prácticas con mayor desaprobación social y mejor que no se sepa mucho si hay pacientes ingresados en la supuestamente cerrada planta de psiquiatría o siendo “tratados”. En primer lugar, me gustaría señalar que no sólo se atan personas psicóticas—yo estaba completamente lúcida, un poco exasperada—y se ata igual la ocupación de la planta que haya. Nos intentan colar esta idea de la emergencia y de la saturación y falta de medios pero en realidad son prácticas normalizadas que se llevan a cabo por inercia y por protocolo. Primero te inyectan un cóctel brutal de sedantes y luego te atan. Para realizar estas tareas se necesitan cuatro personas. Por supuesto, los de seguridad participan. Yo estaba a solas con el doctor—cuyo nombre aún desconozco, un hombre de unos cuarenta y pico años, o 50—cuando él se dirigió a la puerta y llamó al segurata y a los demás cual perros. Le faltó silbar. En retrospectiva me doy perfectamente cuenta de que ya estaba todo decidido de antemano. En ningún momento se me propuso quedarme voluntariamente, ni siquiera involuntariamente pero sin violencia. Entre mi llegada a urgencias en la ambulancia a la que accedí sin temor ni ningún problema inocentemente hasta que fui atendida por el psiquiatra probablemente pasó bastante tiempo, una hora, 2 horas pongamos, no tengo ni idea. ¿Realmente tiene lógica que de repente ocurra algo en el espacio de veinte segundos estando el psiquiatra y la paciente a solas? Justo antes de que el “doctor” los llamase le dije con tranquilidad “no creo en la psiquiatría” “desde la literatura entendemos mejor el sufrimiento humano” (o “el comportamiento humano” algo así). Yo seguía con la idea en mi mente de que estábamos hablando de mi madre, de sus problemas de comportamiento y consumo de psicofármacos. No hubo razón alguna para tanta violencia (nunca la hay, hay muchas formas de calmar a una persona; y además se ensañaron) pero al psiquiatra les brillaban los ojos. Esa era la razón. Divertirse un poco. Y también la intimidación. Ejercer el poder. Las MIR—habitualmente mujeres jóvenes—participan en las contenciones. Y por lo demás, callan, observan y escriben. No hacen nada. Da igual que haya dos por turno o veinte. No tienen ninguna función. No cuidan de los pacientes. No están disponibles. Los pacientes no las pueden contactar fuera de aquellos momentos designados para ello en presencia de la psiquiatra. Y no les puedes contar nada que no quieras que sepa la psiquiatra, por supuesto. Porque se lo cuentan seguro. Nunca le llevarán la contraria a sus mentores que mandan en la planta de psiquiatría de forma absolutista (la estructura de poder es totalmente vertical) diga las animaladas—en algunos casos extraordinariamente machistas—que diga. Ni nunca tomarán la iniciativa. Las enfermeras y otros profesionales no tienen ninguna función o formación específica. Nos vigilan y se chivan. Cuando, pobres inocentes, intentamos acercarnos a ellas o ellos en busca de ayuda, alguien en quien confiar, anotan nuestro desasosiego en nuestra ficha y nos arriesgamos a ser castigadas con todavía más medicación, una subida de la dosis de los psicofármacos que ya nos están obligando a tomar o medicación adicional. Y a ser atadas de nuevo si nos rebelamos. Si en el medio de la noche no somos capaces de dormir (por los “medicamentos” que nos obligan a tomar, que tienen funciones opuestas, los antidepresivos nos empujan en una dirección y las benzodiacepinas y neurolépticos en la otra) y acudimos a ellos: nos mandan de nuevo para cama. Nos riñen como si fuésemos niñas pequeñas y como si hubiésemos hecho algo malo. En mi caso, el vértigo terrible consecuencia de haber estado atada con correas—del que no me atendieron ¿antiinflamatorios?—me dificultaba el sueño. También la fluoxetina. El personal pasa las noches en control. Realizan rondas de tanto en tanto (bastante molestas porque nos despertaban y nos resultaba difícil después conciliar el sueño nuevamente); pero que nadie flipe, nunca veréis a uno de ellos sentado toda la noche o parte en la vera de la cama de una paciente que ha sido recientemente ingresada, esa misma noche quizás, substituidas las correas por su cálida presencia humana. El amor, el cuidado, están fuera de la ecuación. Pero más aún la iniciativa propia. Y la curiosidad. Las ganas de hacer bien su trabajo. Siervas dóciles del psiquiatra. A muchos en la profesión sólo les interesa una cosa: el salario. La estabilidad económica. Si yo tengo acceso a tanta información, en internet, libros, testimonios… ¿por qué ellos no? Es cierto, muchos libros no están traducidos al castellano, pero cada vez hay más material serio y fácil de entender. Mad in America Hispanohablante por ejemplo. O Rompiendo la Etiqueta. Es posible que algunas enfermeras (un 10%, las novatas quizás o contratación temporal, era Semana Santa… vacaciones) que pasaron por la planta de psiquiatría esos días no fuesen criaturas especialmente malignas; el problema es que simplemente asumían que existían razones de peso para que otros nos atasen o nos medicasen terriblemente. Aunque no ejerciesen la violencia, no la veían o asumían que habíamos hecho algo malo. Cuando desperté y me desataron, dejaron parte de las estructura de las correas varios días sobre la que tuve que dormir. En un momento dado una enfermera decidió quitar esa parte, dijo “vamos a quitarlas, ya no hace falta” (como si hubiese “hecho falta” o tuviese ella conocimiento de lo que había ocurrido). Siento mucha ternura por la mayoría de los y las pacientes con los que interactué y compartí un momento tan difícil de mi vida. Ojalá hoy pudiese contarles cómo me sentía y qué me llevó allí. Qué pienso de ellos. No hubo ningún incidente ni ningún paciente intentó hacerle daño a nadie. Muchos pacientes no podían casi con el alma por la medicación. Otros estaban sorprendentemente despiertos. La única violencia física de la que fui testigo la sufrí yo y fue ejercida por parte del personal. Con fines intimidatorios, preventivos. Me mantuvieron atada en una habitación en la que estaba sola. Con pañales. No recuerdo haber bebido agua. No comí. Imposible saber con certeza cuántas horas. Unas 40 o 42 horas. Adelgacé tres kilos. Bajé de 67 a 64. Recuerdo breves despertares en los que supliqué humillada que me desatasen. Recuerdo percibir su odio. El placer sádico de aquellas enfermeras, auxiliares o lo que fuesen, al abusar de su poder, infligir dolor, torturarme, humillarme, sabiéndose impunes. Lo peor sin duda es la incertidumbre, no saber cuándo vas a ser desada. Y hasta donde van a llegar con su violencia. Pero sí presencié violencia psíquica, psicológica, hacia mis compañeras, compañeros y compañeres. Les dicen que nunca van a poder trabajar, que la recuperación no es posible, que tendrán que tomar medicación toda su vida y ¡ojo! que tienen sobrepeso porque comen demasiado y no porque la medicación destroce su sistema endocrino. Bueno, no me quiero meter en qué psicofármacos crean ansias de comer según qué cosas o también puedan distorsionar la sensación de hambre porque es un tema que no conozco bien todavía. Pero algo de eso también sucede y tiene que ver con la medicación. A mí me dijo Del Toro (la psiquiatra) que tenía que cambiar de oficio (después de tantos años de universidad, de sacrificio y de esfuerzo ¿por qué?) abandonar la traducción de la novela que estaba traduciendo de francés a gallego. La Peste de Albert Camus (que aún no acabé). No sabrá quién es Albert Camus. Ni que las novelas se traducen. O que las traducen las personas y no las máquinas. Probablemente esa señora odie las lenguas minoritarias y crea que las hijas de los obreros no deberían ir a la universidad. Fijo que no sabe quién es Michel Foucault. En ningún momento me explicaron cómo funcionaba la medicación, para tratar qué síntomas, no me comunicaron qué medicación estaba siendo forzada a tomar. Lo poco que sé lo sé por lo poco que se podía leer en el cachito de blíster de los fármacos. La medicación es obligatoria. Te pueden atar, te pueden aumentar las dosis si te niegas. No les interesa como te encuentras a causa de la medicación, si te encuentras bien o mal. Pero NADA. NADA. No hay ningún tipo de diálogo. Sólo miedo. El paciente teme al psiquiatra y todo otro miembro del personal es un potencial chivato. Por tu bien aprendes pronto a fingir estar lo mejor posible, a hablar poco, decir lo mínimo, no puedes llorar. LLORAR es peligroso. Está PROHIBIDO LLORAR. Puede significar más medicación. No puedes negarte a ver a tu familia maltratadora. Los pacientes no pueden decidir a quién quieren ver, quien los visita. Mostrar que no quieres ver a tu exnovio (que ellos consideran ‘novio’) o a tus padres es un síntoma para ellos de enfermedad mental. Las pacientes mienten para sobrevivir. Mentir no es ningún síntoma de ningún trastorno mental. Es una necesidad. Una estrategia de supervivencia. Las dosis de medicación son brutales. A nadie le prescriben tales dosis para casa, para que las tome en su vida diaria. Quieren que estés especialmente inerte mientras estás allí. Estamos hablando en mi caso de tres tipos de benzodiacepinas: 10 miligramos de diazepam por toma tres veces al día, un pastilla para dormir por la noche NOCTAMID (ni siquiera te preguntan si crees que la necesitas, si crees que podrás dormir por ti misma), ORFIDAL (no tengo ni idea de cuántos miligramos me hacían tomar, ni cuantas veces ¿igual dos? ¿o una? ni siquiera me explicaron qué tipo de psicofármaco era, lo averigüé después). Fluoxetina y quizás olanzapina (me prescribieron para casa olanzapina, fluoxetina y noctamid; no me prescribieron ni diazepam ni ORFIDAL). Cuando una se va para casa, las dosis serán menores. O diferentes fármacos. Con los peligros que eso conlleva. Síndrome de retirada. Si estás acostumbrada a beber café en tu vida diaria, pues durante tu tiempo ingresada no te dejarán beber café. Por lo tanto, sufrirás además síndrome de abstinencia de la cafeína. Y aquellos que fumen no podrán fumar. Ansiedad adicional. Recuerdo de pequeña a los/las pacientes, las/les/los presas/es/os del Hospital Psiquiátrico O Rebullón… a las que dejaban salir, se acercaban a un centro vecinal próximo y les pedían a los adultos que les pagasen un café… querían café, café, desesperadamente. Y sí se lo pagaban. Estaban tan medicados que no podían pensar. ¿Cómo podrían ponerse bien? Recuerdo pensar ¿no interactuará con la medicación el café? Y confundir comportamiento debido a los efectos secundarios de la medicación y al trato opresivo y encierro con los síntomas de la supuesta enfermedad. Recuerdo a Castilla en la tele contando cuán maravillosa había sido la llegada de los antipsicóticos (y dando validez al mito de que si alguien permanece mucho tiempo en un estado alterado se produce inevitablemente un deterioro cognitivo que sólo pueden frenar los antipsicóticos, el mito del efecto neurotóxico de la psicosis y el mito del efecto neuro-protector de los antipsicóticos). Recuerdo pensar de forma casi subconsciente ‘no me cuadra todo esto en relación a lo que veo’. Recuerdo pensar ‘quizás no es posible la recuperación’ y aunque pueda resultar terrible recordarlo, recordar que una niña de 10, 12 años pueda haber pensado así: ‘quizás estarían mejor muertos’. Lo cierto es que esta idea sigue estando muy arraigada en la sociedad, lxs locxs como una pesada carga, como una losa. Lo cierto es que los únicos parásitos que sobran son los psiquiatras reaccionarios y sus aliadxs. Nunca me pregunté con cuál etiqueta diagnóstica habían sido estigmatizadas esas personas ni sobre sus circunstancias y su historia vital. No les importa tu situación económica. Cuando se cansan de ti, te echan. Tú sabrás como te las arreglas. Si tendrás a donde ir y quien te llevé allí. Supongo que en mí caso contaron con que mi familia me acogiese pero no hay ningún tipo de seguimiento ni obligación. Mis padres me pudieron abandonar allí mismo en la puerta. Tu familia tiene todo el poder sobre ti mientras estás en el hospital—o en eso consiste el juego, son los psiquiatras los que tienen el poder, ellos escriben lo que les da la gana en las historias, lo que creen o dicen creer, mienten si quieren—aunque seas mayor de edad y no se te haya retirado tu capacidad jurídica de obrar (terrible injusticia). Tú no cuentas. Mi madre está en tratamiento psiquiátrico desde hace 40 años. Lo cual no significa nada. Simplemente un doble rasero. Ella sí es una “enferma mental” cuyo testimonio es válido. El mío no. Porque ella papa. Papa pastillas. Y también porque las madres son unas santas (patriarcado). En realidad no sabes por qué estás allí. Yo desconocía qué parte del relato de mi madre se creían. Aunque lo conozco. Empezó a elaborar ese relato inspirándose en y a raíz de la emisión de un programa de televisión de telebasura llamado ‘Hermano Mayor”. Sinceramente creo que se dieron perfectamente cuenta de que se trataba de un montón de trolas. En la ficha de control ponía ‘violenta y suicidio’. Nunca me han tenido que tratar por intento de suicidio y nunca he agredido a nadie. Nadie de mi familia ha sido atendidx por ninguna agresión nunca. Pero yo sí he sido golpeada por miembros de mi familia y he necesitado atención médica. De hecho el propio SERGAS (Servizo Galego de Saúde) puso una denuncia en 2008. Siempre he sido una buena estudiante y una persona sana a pesar de mi entorno (mi madre). No me comunicaron el diagnóstico. Ni siquiera sabía que tenía un diagnóstico. Lo supe años después. No me comunicaron qué medicación tenía que tomar en casa. En qué consistía. Qué función tenían esas drogas psiquiátricas. Si eran fuertes sedantes, tranquilizantes o antidepresivos. Nada sobre el síndrome de retirada. Nada sobre las características o síntomas de mi supuesta enfermedad. Me dijeron que me tomase todo lo que me recetaron. Me dieron una hoja impresa, leí que ponía que yo estaba mal aseada el día del ingreso: “aspecto desaseado”. No seguí leyendo. La tiré. Me ducho todos los días. Ese día estaba vestida con ropas viejas, vivo en el rural, y creo que había estado limpiando en casa. No me dejaron cambiarme y mucho menos ducharme antes de ir al hospital. Tenía el pelo un poco graso pero ese es un problema que tengo como tanta gente que nada tiene que ver con la higiene. No me molesté en leer qué medicación me mandaron tomar porque me estaba haciendo tanto daño que ni se me pasó por la cabeza la posibilidad de tomarla voluntariamente. Por supuesto, cuando ten ingresan te quitan todo lo que tienes. Hasta el sujetador. Pero no a todas. Sólo a mí. Lo pedí pero no me dejaron. No les pareció importante. Tengo bastante pecho. Vértigo y humillación. No hay un solo libro. Estúpidas revistas del corazón y periódicos. De todas formas, nos drogan tanto que nos resulta difícil incluso ver la televisión. Es posible que temiesen entre comillas que me suicidase con un sujetador o que lo utilizase como arma. En el informe de alta, que recuperé años después (la hoja impresa que tiré) no hay ninguna referencia a tentativas de suicidio. En cambio, como mencioné antes, sí recuerdo la palabra ‘suicidio’ escrita en mi ficha de control. De hecho yo pensé durante mucho tiempo que esa había sido el motivo principal de mi ingreso. Recuerdo enseñarle a Del Toro la parte interior de mis muñecas la primera vez que hablé con ella pensando que esa había sido la razón de mi ingreso forzoso. Forma parte del relato de mi madre decir que me rajé las venas. Mis muñecas no tienen ningún tipo de marca. El psiquiatra que ordena tu ingreso por la fuerza por supuesto sin proponerte que te quedes voluntariamente (¿renunciar a la diversión que supone hacerlo por la fuerza?) no es el mismo que hace el seguimiento después. Ni es quien te diagnostica. Una persona que no te conocía antes de pasar por todo el proceso de la medicación forzosa, 40 o 42 horas atada, con un golpe en la cabeza… opina sobre tu salud mental, tú todavía drogada, recién apaleada y aterrorizada. Y da igual. Es ridículo. ¿Colorear como terapia? En un primer momento, me pareció ridículo, un paripé extraño. Que nos sugieran a pacientes que tenemos estudios universitarios que hagamos dibujitos. Como si fuésemos niñas pequeñas. Puede sonar elitista o clasista por mi parte pero a mí me parece que tiene sentido sentir rechazo por una actividad que una asocia con la infancia o la incapacidad de escribir en un marco terriblemente condescendiente. Algunos pacientes simplemente coloreaban dibujos impresos. Es cierto que en ocasiones en otros lugares los dibujos de los pacientes han servido para descubrir qué les sucedía—y pueden servir—pero puedo aseguraros que a esta clase de psiquiatras nadie querría contarle nada grave ni doloroso. Son personas a las que temes. Tienes que seguirles el juego durante un tiempo para que te dejen salir. De todo lo que les cuentes, decidirán si es cierto o falso en función de que cuanto trabajo o esfuerzo se derive de tales afirmaciones. ¿No es más fácil para ellos no investigar lo más mínimo? Muy fácil dictaminar: “ideación delirante de daño/prejuicio” o “delirio de referencia”. Personalmente me escandalizó la filtración a los medios de comunicación de un dibujo realizado por una mujer acusada de haber matado a sus hijos pequeños en 2019 en Valencia. ¿El deber de secreto médico? Que una madre asesine a sus hijos es siempre un hecho desolador; más triste aún, que sea aprovechado por los medios de comunicación más carroñeros en su beneficio; y más triste aún es darse cuenta de que muchos homicidios llevados a cabo por personas presas de la paranoia, sin ser tan comunes como los medios y la industria farmacéutica pretenden hacernos creer, podrían evitarse si las personas que sufren psíquicamente no tuviesen miedo de acudir a los lugares supuestamente creados para ayudarles, lugares que deberían ser seguros, por miedo a ser encerrados y torturados. Por miedo a perder a sus hijos. Los médicos hacen muecas, se burlan de los pacientes, se ríen de ellos y revuelven los ojos de asco y desprecio. No les interesan los dibujos de los pacientes ni averiguar qué les sucede. Trabajan lo menos posible. Tienen sus consultas privadas. Están obsesionados con el dinero. Profundamente narcisistas y autoritarios. Creen que los trastornos se heredan genéticamente. No están al día. Y líbreles dios de estarlo. Que igual tienen que cambiar o trabajar o esforzarse o rechazar premios por prescribir la polifarmacia de moda. Mis compañeros y compañeras: La mujer que ganchillaba. Extremadamente hábil, cual araña le tejió un pequeño neceser a una enfermera en cinco minutos con materiales de mala calidad (más difícil). Con ligero sobrepeso, por la medicación (fue a ella a quien la enfermera le dijo que su sobrepeso se debía al exceso de comida cuando pidió un yogur extra, ¡un yogur! ¡Cuánto puede engordar un yogur!: ese es el nivel formativo de los profesionales de enfermería que trabajan en las plantas de psiquiatría). Completamente lúcida. Bueno, quizás no sea la palabra adecuada: los delirios tienen mucho de lucidez. En la realidad aceptable para la psiquiatría. En antipsicóticos o litio. Nada somnolienta. La conocían bastante en la planta. Es posible que estuviese ingresada unos días en observación. No parecía haber sufrido una crisis recientemente. Con discapacidad total. En principio resignada a no poder trabajar nunca en su vida pero pude ver en ella una pequeña duda, una pequeña llama de rebeldía en su corazón. La enfermera no hizo nada para quitarla de su error (violencia). En los tiempos que corren... ¿quién se va a atrever a contestar un diagnóstico que te permite recibir una pensión por muy miserable que sea? Una fácil solución que permitiría no recurrir a diagnósticos diversos que estigmatizan y obstaculizan la recuperación sería la renta básica universal. Y también que se concediesen por iatrogenia o durante la fase de discontinuación, dure lo que dure. La pregunta es ¿nos estamos perdiendo una gran cirujana? La facultad de Medicina es un lugar muy hostil que expulsa a personas que podrían ser grandes profesionales. La universidad en general. Esto último puede sonar clasista: quiero aclarar que el trabajo de las modistas me impresiona enormemente y es y ha sido siempre injustamente valorado socialmente. El chico que hablaba gritando. No gritaba. Hablaba gritando. Como si fuese incapaz de hablar de otro modo. ¿Persona diagnosticada con ‘atraso mental’? (os lo juro, esta denominación todavía aparece en la documentación administrativa gallega). No le ocurría nada. Estaba allí mientras le encontraban alguna plaza para internarlo en un centro educativo para personas con discapacidad intelectual o autistas, supongo... Algo así. Con mucha rabia por tener que obedecer, no aceptaba ser considerado un ser roto, defectuoso, no asumía como natural verse desprovisto de sus derechos, discriminado, por haber sido catalogado como insuficientemente inteligente o menos capaz de desenvolverse en la vida. Su madre vino a verlo. Se abrazaron con mucha ternura, felicidad, complicidad. No comprendí cómo no se lo llevaba para casa. El chico sólo necesitaba un logopeda y ser tratado con respeto. A muchas personas les vendría bien un logopeda. El pesado. Un tipo joven. Unos treinta años. No parecía estar muy sedado. Me miraba como si yo le gustase. Y yo casi desnuda en ropa de hospital sin sujetador (menos mal que me dejaron usar bata) y drogada. Incapaz de caminar en línea recta. El señor que no hablaba. Nula expresión facial. Unos cincuenta y pico años. Quizás menos. La medicación envejece prematuramente. Hace poco en la calle vi a alguien que podría ser él. Pero parecía otra persona muy diferente. Como si hubiese dejado la medicación. Dulce y vulnerable pero libre de la camisa de fuerza química. Vestido con ropa estilo heavy. Corriendo con mancuernas en las manos. Malla-peto de licra negra. Igual no es la misma persona pero podría serlo. La persona que yo vi por la calle estaba en un estado no necesariamente negativo pero muy vulnerable. Y eso me preocupó. Cómo proteger a todas esas personas. Su derecho a su locura. El hombre adulto con actitud complaciente de niño, que coloreaba: ¿tenía la maldad rota? La mujer de 27 años embarazada de siete meses que no hablaba. Hicimos juntas un crucigrama. Se comunicaba pero no hablaba. Había dejado de hablar una vez ingresada, dijeron. No parecía estar sufriendo. No parecía que la medicación le estuviese haciendo mucho daño. Pero estaba siendo medicada. Le presté mi champú. Se lavó la cabeza por la mañana al día siguiente y por la tarde me lo devolvió. Le hice trenzas de raíz en toda la cabeza en dos ocasiones en esos 11 días. Un guiño de protesta que nadie entendió: nos estábamos comportando como las presas de las películas, que era como yo me sentía. Ella parecía preferir estar en el hospital y no ver ni a su padre ni a su exnovio. A su madre sí la quería. Me molestó que todo el mundo insistiese en decir que aquel hombre joven (de edad similar a ella) era su ‘novio’ si ella no quería ni verlo. Supongo que lo más adecuado sería decir que era su exnovio. Lo de siempre: no puedes decidir quién te visita y no querer ver y estar con ciertas personas es considerado un síntoma de una supuesta enfermedad. Mi vecina de habitación. Al principio estuve sola. Cuando estaba atada. En nada mejora tu situación durante las contenciones no estar acompañada. No la convierte en una experiencia menos angustiosa o menos humillante. Señora mayor. Lúcida pero muy drogada. Con diagnóstico de depresión. ¿Algún intento de suicidio quizás con su propia medicación? Pensé “esta mujer estaría mejor sin medicación”. Muchas mujeres comienzan a tomar—SON PRESCRITAS—antidepresivos y otros psicofármacos a raíz de problemas ginecológicos, menopausia, embarazos difíciles. Su situación empeora porque la medicación que se supone debiera ayudarlas en realidad las envenena y las debilita y las deprime. Su marido era muy bueno y seguían muy enamorados aún después de tantos años, me contó ella. La peluquera con menopausia. Afirmaba orgullosa haber decidido ingresar por iniciativa propia o voluntariamente. No es lo mismo. Probablemente contenta de huir por un tiempo de su papel como mujer en una sociedad patriarcal. La medicación le hacía el suficiente poco daño como para que le mereciese la pena alejarse de su vida. La entiendo. Tendría que haber lugares específicos para este tipo de malestar que nada tiene de mental. Todo malestar físico (es estrés) afecta a tu estado de ánimo e incluso puede hacer que brotes (como una flor…). Lugares en los que descansar. Recibir fisioterapia y otras terapias, coma la termal, ejercicio específico postural. Aprender a respirar. El chique trans de las cejas afeitadas. O intersexual. O chica. Me contó que le habían operado tres veces y que le encantaban las estancias en la planta psiquiátrica. Intentó entablar una conversación. En ese momento, durante una comida (en aquellos momentos, en 2014, la comida era muy buena, fresquita, recién hecha) pero me sentía tan mal… sin fuerzas, que simplemente le respondí que yo no quería estar allí. Mejor no hablar, el personal podría chivarse, contarle a la psiquiatra lo que hablásemos. No es paranoia (aunque lo fuese) pedí un bolígrafo una noche en control a las dos de la mañana según ellos (me lo prestaron y no se lo clavé a nadie, escribí) y al día siguiente me riñó la psiquiatra Del Toro. Qué mal tiene escribir en un papel a las dos de la mañana. En cualquier otra planta, en ginecología puedes. Y puedes llorar en ginecología. Incluso puedes tener la suerte de que una auxiliar se quede un ratito contigo consolándote (operación endometriosis enero 2018). Puedes delirar en neumología sin que te aten o mediquen o sean violentos contigo. O desprecien. Mi padre hablaba en sueños. Deliraba. No sabías si estaba despierto o dormido. El mes que estuvo ingresado por un tumor en la pleura. Murió allí. En mis brazos. En 2018. Me dejaban quedarme a dormir con él y pasar con él todo el tiempo que quisiese. Me sentí culpable por no haber correspondido al intento amable del chique de conversar conmigo. La mujer joven alta bajo una medicación muy fuerte con media melena y flequillo. La medicación que le obligaban a tomar le dificultaba enormemente toda expresividad facial. Su mirada, su capacidad para sonreír. Y la ralentizaba mucho. Al principio esa ausencia de expresividad me daba un poco de miedo. Le preguntaba una y otra vez a mi padre si era Felipe González (guardan un parecido bastante razonable, mi padre era más guapo y buena persona, labios finos). Me dio un caramelo. Ese pequeño gesto de cariño me impactó mucho tras tanta violencia y en un lugar tan violento. Despertaba en mi madre mucha ternura (en mi madre que tiene un corazón de piedra y que había hecho que me encerrasen allí para darme una “lección” bajo falsos pretextos). Probablemente encerrada por delirios o voces. Ni idea. Me dejó hacerle una trenza. No sé de donde me salió esa idea. Al día siguiente me quiso devolver la goma del pelo que yo le había prestado pero la mía era morada. Se lo expliqué sin mucha esperanza (mis prejuicios). Tampoco hacía falta que me la devolviese. Al otro día, me dio la morada. Aprendí gracias a ella a tratar a las personas con normalidad y como comunicarme con ellas a pesar de las apariencias y de la medicación. Probablemente de quien más aprendí. Aprendí que aunque la medicación te impida comunicarte con fluidez no significa que no entiendas u oigas o puedas recordar lo que te están diciendo. Espero que esté ben. Ojalá haya recuperado o recupere algún día su libertad y se quiera así misma independientemente de lo que piensen los demás. Yo. Extremadamente medicada. Me costaba caminar en línea recta. Me costaba pensar. Respirar. Haciendo un esfuerzo terrible por aparentar estar bien. Nadie se interesó ni por un segundo en mí, en por qué estaba allí. Sólo el chique supuestamente trans. Lúcida pero muy sedada. Con mucho dolor (mucha angustia en el pecho) a causa de la medicación y un vértigo terrible. Hacerles trenzas a mis compañeras me ayudaba a concentrarme. A sobrellevar el dolor. Sentí sororidad por primera vez. NO es lo mismo estar loca que loco. Una señora mayor que hablaba en un gallego precioso. Describía su situación como ‘dolor en el alma’. No conocía el lenguaje de la psiquiatría. Puramente rural. Una adolescente con cicatrices en los antebrazos (ya cicatrizadas pero recientes). No en las muñecas sino lo que parecían autolesiones a lo largo del antebrazo. Muy delgada pero aún dentro de los límites de lo que puede ser normal a esa edad. Muy dulce. En buenos términos con su madre. Gestos de cariño. La madre, comprensiva, la abrazaba para consolarla y se miraban a los ojos con una mezcla de ternura y tristeza. Y estos son los monstruos que allí estaban. Muy lejos de imagen que las personas se hacen de una planta psiquiátrica con pacientes fuera de control intentando asesinar a los médicos y al personal con objetos punzantes. Simplemente un montón de seres indefensos sin derechos. La mayoría mujeres. Aunque algunas pensasen ilusamente que eran libres. O simplemente les compensase de alguna forma estar allí. Tras cuatro meses libre de medicación, haciendo mucho ejercicio, caminando muchísimo todos los días, escuchando música y cantando como una loca mientras caminaba en la noche con los cascos puestos y muchas lágrimas canciones como En mil pedazos de Christina Rosenvinge, empecé a sentirme mejor: feliz de estar viva. Una amiga checa que de pequeña había permanecido ingresada una semana en un manicomio o planta de psiquiatría para niñxs en la Checoslovaquia comunista en observación (no fueron violentos con ella) por su mala salud física, me dijo que jamás me había visto tan triste y destrozada (tras haberme visto perfectamente dos semanas antes). No pudo tratar de ayudarme o reñirle a mi madre o intentar visitarme porque se había ido a su país de vacaciones en Semana Santa. Un año después un guardia civil que había acudido como parte del dispositivo del 061 en respuesta a una llamada de los vecinos, le metió un tiro al batería de los Piratas. En síndrome de retirada, con un diagnóstico de trastorno bipolar. Un vecino llamó. La guardia civil lo acorraló en la cocina de la casa. Según su suegra en los medios locales, su psiquiatra le impuso una deprescripción forzosa en un momento en el que no se sentía preparado por el nacimiento de su hijo. En Ponteareas. No muy lejos de Mos (donde vivo y me crie) en el sur de Pontevedra. El guardia civil fue absuelto. La campaña de difamación en los medios de comunicación al supuesto loco fue terrible. Soy perfectamente consciente de que estoy viva porque yo estaba lúcida (orientada, como se diga, qué horror) y serena, y por lo tanto, menos vulnerable. Las intervenciones del 061 son un peligro para la vida de las personas. En realidad creo que mi madre llamó al 062 (que es la Guardia Civil) pero en el papeleo pone 061. Una jueza y una forense acuden a la planta de psiquiatría para firmar un documento bastantes días después (me ingresaron un martes, madrugada del miércoles en realidad, si no me hubiesen dejado inconsciente es posible que el miércoles hubiesen acudido y firmado para dejarme marchar, ¿cómo saberlo?) condición sine qua non para que te puedas marchar. No sirve como medida protectora de los derechos de los pacientes. Forman parte de la estructura represiva. Si no fuese necesaria su firma, probablemente me hubiesen dejado salir antes. Me comí más días de terror y medicación por esa estúpida firma. No se te explican tus derechos. No tienes derechos. No se te dice tienes derecho a un abogado. Tienes miedo de todo y sabes que lo mejor es callar. Para no empeorar tu situación. No me atreví a pedir un abogado pero tampoco en ese momento sabría cómo buscarlo. Miedo a represalias. En realidad, es posible que llegase a verbalizarlo y me dijesen que no. Punto. La jueza me preguntó: ¿por qué estás aquí? Como estaba muy drogada casi no podía pensar. Dije: “mi hermano me golpeó” en referencia al episodio de 2008. Antes de explicar ese episodio, la respuesta de la jueza: “algunos hombres golpean a las mujeres porque las mujeres les llenan las pelotas”. Y después me dijo: “estás mal, estás mal” (como si tuviese algún tipo de formación o conocimiento en salud mental y como si se pudiese saber cómo estaba una persona antes de haber permanecido atada 40 o 42 horas, que ha estado siendo drogada a la fuerza muchos días, mirándola a la cara medio minuto). En ese momento me asusté y pensé “dios mío nunca me van a dejar salir de aquí”. La jueza era una señora bastante mayor. Fría. Como la doctora Del Toro, mujer formada en el franquismo. La forense era más joven, unos 40 y pico años, con una melena de rizos rubios con mechas. Ni se inmutó ni dijo nada. Para ella, estar allí era un trámite burocrático. Firmar un papel. Lo de trabajar de verdad, ya si eso… ¿Por qué mencioné el episodio de 2008? El 2 de marzo de 2008 a las 23:26 fui admitida en urgencias con el rostro y la ropa empapada en sangre. El diagnóstico fue ‘traumatismo ocular derecho’. Me llevó mi padre. Dije llorando: “mi hermano me dio un puñetazo”. Mi madre se quedó con mi hermano en casa, llorando ambos abrazados, por miedo a la policía, a la justicia. Pero no tenían nada que temer. En urgencias no llamaron a la policía. El doctor se portó bien conmigo. Andrés. Mi padre dijo: “es un solo una pelea entre hermanos”. El doctor le respondió enfadado: “esto no es un pelea entre hermanos”. Y no fue una pelea. Ni una discusión. Fue una agresión. Ese día le había pedido a mi padre que le pidiese a mi hermano que me dejase imprimir un par de hojas en la impresora que mi padre le había comprado. A él. Al peor estudiante de los tres (somos dos hermanas y un hermano mayor) A pesar de que siempre le compraron de todo para que estudiase: una buena mesa de dibujo, un buen escritorio, ordenador, impresora; no usaba nada ni estudiaba. Estuvo matriculado en tres carreras, no sólo no acabó ninguna sino que apenas las empezó. 8 años mayor que yo, físicamente muy fuerte. Yo sí estudiaba. Pero yo con la peor mesa, la peor silla (malísimo para la espalda), en el ático, rodeada de ropa limpia húmeda recién lavada puesta a secar en invierno con un pequeño radiador, suelo de cemento (polvillo, grima). Siempre pidiendo favores a vecinos y familiares para poder entregar los trabajos escritos en word. Lo cual limita mucho el tiempo que le puedes dedicar a hacerlos. No puedes estar mil horas en la casa de alguien. Ni hasta tarde en la anoche. Pero yo aprobé todo. Dos licenciaturas. En no muy buenas universidades. Pero esa es otra historia. Entré en la habitación esa noche. Confiada. Aunque sentía su odio. Conecté el cable de la impresora al ordenador. Me gritó que ese cable no era. Me empujó y me tiró en la cama, con el antebrazo derecho en mi cuello me sostuvo contra la cama y con el puño izquierdo me golpeó en el ojo derecho. Me soltó. Lo primero que pensé fue ‘veo, tranquila, veo, no me dañó el ojo, sólo es un golpe, sólo es sangre’. En urgencias nadie llamó a la policía. Tuve que irme para casa con mi padre en donde estaba mi hermano. Mi hermano no recibió ningún tipo de castigo sino lo contrario, lo premiarían por el disgusto que yo le había ocasionado. Me acosté. No podía cerrar el ojo por completo. Una semana después (durante toda esa semana me escondí todo lo que puede y evité estar en su presencia) regresé a Francia en donde estaba estudiando, al principio con una beca erasmus y después matriculada como cualquier estudiante extranjera. La matrícula era barata. Y recibía una prestación de unos 110 euros en concepto de ayuda al alquiler. Estoy segura de que mis padres me dejaron seguir estudiando en Francia por miedo a que mi hermano me matase. Pero para mi madre el problema nunca fue el daño que me pudiese hacer a mí sino las consecuencias para mi hermano, que pudiese acabar en la cárcel. Dos o tres años después mi padre me confesó que había llegado poco después de la agresión una carta del juzgado a mi nombre y que la habían destruido. Me hizo bien saber que alguien había hecho algo, que alguien se había puesto de mi lado aunque también me puso en peligro. El error es no comunicar de forma secreta la denuncia a la mujer pero además en qué mundo una mujer puede seguir adelante con una denuncia sin ningún tipo de protección y recursos económicos y con la familia y los testigos en contra. No existe ningún tipo de protección ni ayuda si el agresor no es tu pareja. Y si lo es, muy poca e insuficiente. Las mujeres no somos narcos gallegos “arrepentidos” o amenazados por ETA. ¿Cuánto se gastó el Estado español en escoltas? El hermano de mi madre se rio al verme (en presencia de su hijo adolescente). Para mi madre, mi abuela, mi tía, mi hermana, yo había buscado la agresión con el fin de meter en problemas a mi hermano. Yo le había hecho algo malo a mí hermano. Las mujeres somos malas y nos gusta que nos golpeen. Le conté esta historia al psiquiatra que ordenó el ingreso involuntario y con la ayuda de tres otras personas que me agarraron (guardia de seguridad, un celador o enfermero, y una MIR) me inyectó el cóctel inicial del que me despertaría 40 y pico horas después. Le dije al guardia de seguridad “¿y si les estuviesen haciendo esto a tu hija?”. Se lo conté a la psiquiatra Del Toro. Que me diagnosticó con ‘Trastorno de Personalidad no Especificado. CIE-10 F60.9.’ aunque nunca me comunicó dicho diagnóstico ni me lo explicó. A la MIR que estaba con el primer psiquiatra. Y a la MIR que estaba con Del Toro. En el informe de alta (29 / 04 / 2014) encontré perlas como éstas: “Discurso centrado en vivencia de malos tratos por parte de su familia con ciertos contenidos moralistas (respecto a la discriminación por género...)”: la expresión contenidos moralistas junto al concepto discriminación por género es muy elocuente. “Ideación delirante de daño-perjuicio”: mienten deliberadamente pues sí tienen acceso a mi historia médica. Encubren a los agresores, cómplices. Y además mi madre nunca negó que la agresión de 2008 tuviese lugar. Y no fue la única agresión… 4 meses y medio antes del ingreso involuntario, el 16 de diciembre de 2013 mi hermano me golpeó delante de su mujer (que lo justifica). Pero esta vez entró él en mi habitación. Pero no acudí a urgencias. ¿Para qué? Mi única forma de evitar agresiones es reducir el contacto, la presencia física, lo máximo posible. Vivimos en la misma casa pero en distintos pisos. En otra ocasión entró en mi habitación, antes de mi ingreso en psiquiatría, estando yo durmiendo, y empezó a pegarme aludiendo que yo le había cogido algo. Al principio yo no sabía a qué se refería, no sabía lo que era el cartón pluma. Lo que él dijo que faltaba estaba en su sitio. Del Toro me dijo, mi madre es testigo, que pusiese un pestillo en la puerta. Por supuesto, mi madre no me dejó ponerlo. A veces pongo una silla. Recientemente pasé mucho miedo el 3 de diciembre de 2019. Y entra en mi habitación cuando voy al baño y me apaga el radiador como un fantasma porque dice que gasta mucha electricidad—no es él quien la paga. Esos gestos me indican peligro. Tengo mucha sensibilidad al frío por mi endometriosis (no recibo pensión de discapacidad, la endometriosis es una enfermedad crónica no reconocida oficialmente como discapacitante según un librito del Ministerio de Sanidad de 2003, eso me dijeron). Para mí el frío es dolor. “autorreferencialidad”: delirio de referencia. Nunca en ningún momento he pensado que la tele se dirigiese a mí o hablase sobre mí o que los demás hablasen mal de mí a mis espaldas. Probablemente sea la persona menos paranoica del mundo. Usaron este término para negar que alguna vez haya sufrido violencia por parte de miembros de mi familia. Pero a mí no me dijeron que pensasen que yo estaba delirando. “No ideación autolítica”: es cierto que nunca se me pasó por la cabeza autolesionarme y nunca lo hice ni hay pruebas de que lo haya hecho pero como ya conté más arriba sí aparecía la palabra ‘suicidio’ (son tan vagos que ni siquiera ponen ‘riesgo de suicidio’ o ‘tentativa previa de suicidio’ sino simplemente ‘suicidio’) en la ficha de control en la planta de psiquiatría. Ponía ‘suicidio y agresividad’. “En cuanto a la psicopatología de la afectividad, predomina elevados niveles de angustia y tensión relacionada con vivencias de perjuicio referidas”: no estaba tan angustiada… La razón por la cual esperé a que viniese la guardia civil y la ambulancia y acudí voluntariamente (tuve todo el tiempo del mundo para marcharme) es porque quería que hablasen con mi madre pues temía y temo que algún día no se despierte pues hace muchas tonterías con los psicofármacos y el alcohol. “Mis padres tienen que hacer las cosas a su manera; no tengo que meterme en los problemas de otros" (yo no dije esa frase entrecomillada, de esa frase es autora la psiquiatra). Esto en realidad significa que “tengo que dejar de reprochar a mis padres que permitan que mi hermano o hermana me golpeen y destrocen mis cosas” y “tengo que dejar de reñir a mi madre por tomar cócteles peligrosos de psicofármacos y alcohol poniendo su propia vida en peligro”. “Estudio de anemias dentro del rango de normalidad, excepto Ferritina 7 (10-180)”: en mis problemas de salud ginecológicos está la razón de mi vulnerabilidad y la imposibilidad de irme de casa, con todo, en aquellos momentos no habían alcanzado las dimensiones que alcanzarían posteriormente pero ya dificultaban enormemente la posibilidad de trabajar. Las ayudas sociales son una mentira. Un paripé. Después de toda esta explicación, puede parecer que mi vida ha sido un infierno y es terrible. Lo cierto es que últimamente siento mucho la ausencia de mi padre. Yo sé que mi padre me quería y sé que se arrepentía de haberse dejado manipular. Y de no haberme defendido. Algunas personas me hacen sentir bien cuando estoy con ellas. Cuando me encuentro bien y soy capaz de trabajar en traducciones o escribiendo artículos también me siento bien; sé que no es justo no estar protegida por una pensión por discapacidad (que por cierto son miserables y no adecuadas a las necesidades de las personas enfermas, físicamente, o con otro tipo de dificultades). Siento un amor inmenso por tantxs activistas a los cuales no conozco personalmente (con algunxs he intercambiado breves mensajes a través de las redes) que me han enseñado tanto, con sus propios testimonios muchas veces o su experiencia en la lucha, a través de youtube, libros, programas de radio. Por nuestrxs aliadxs. Un primer paso en la búsqueda de un poco de justicia o por lo menos de dar a conocer la violencia que tiene lugar en las plantas de psiquiatría de los hospitales y otras formas de manicomio fue para mí enviar mi testimonio a la página web www.0contenciones.org Me costó muchísimo escribir ese testimonio porque estaba tan enfadada que, de la rabia, me costaba ver las letras que tecleaba y explicar lo que me había sucedido con serenidad. Ahora ya me noto mucho más tranquila. Escribir este testimonio ha sido sanador. Me ha servido para ordenar mis recuerdos, reflexionar. Aprender. Envié una queja al Servizo Galego de Saúde, SERGAS, 18 páginas escritas analizando detalladamente todo lo que había sucedido y comentando lo que se afirma en el informe de alta. Me llamó la secretaria de psiquiatría, me dijo si podía ir al día siguiente a encontrarme con la doctora Del Toro. No me esperaba esa llamada ni tanta desfachatez. Me puse muy loca y llorando le contesté que le tenía miedo a esa torturadora y que no iba. Es cierto: ¿quién me asegura que no va a montar follón? ¿Simular una situación que le sirva de excusa para ingresarme y atarme y endosarme cualquier nuevo diagnóstico que le permita hacerme peores cosas? (ya me endosó falsamente delirio de referencia). La persona a la que acuses de haberte torturado o mentir en tu historia no puede ser la que atienda tu queja. Es ridículo. Pero resulta útil aprender cómo funcionan las cosas para denunciarlas. Es curioso: tardé en entender por qué yo había enviado esa queja si ya sabía que no serviría de nada. Dos años antes de mi ingreso murió una persona en esa planta, indemnizaron a la familia y punto. Nadie fue a la cárcel. Después me di cuenta de que había puesto la queja para que quedase constancia de que no les importa la violencia que sufren los pacientes. Algún papeleo que demuestre que sí saben lo que ocurre. A veces no sabes por qué haces las cosas. De todas formas, tengo claro que la justicia o es colectiva o no es justicia. No debe estar el peso de denunciar sobre los hombros de personas individuales. Y aun así defiendo a todo aquel que denuncie porque queda constancia de los hechos (más o menos). Pero ojalá las indemnizaciones saliesen del bolsillo de los profesionales y no de las arcas públicas. Y que no pudiesen seguir ejerciendo impunemente. Después del alta acudí dos veces al psiquiatra en la Unidad de Salud Mental de Lavadores (Vigo). Estaba un poco asustada. Tenía miedo que me mandasen a la policía a casa o cualquier cosa. Hay tanto secretismo en torno a lo que te pueden hacer o no. Lo que pueden hacer y lo que hacen de todas formas aunque no te lo puedan hacer. Pero creo que no hacía falta que fuese. Me sirvió como aprendizaje. Mi objetivo era que el psiquiatra me diese permiso para dejar la medicación (que nunca tomé y que no recogía en la farmacia). El día del alta, me dieron cita para un mes más tarde. El “doctor” Riobó no olía muy bien. Lo digo porque no importa cuánto nos lavemos, a los psiquiatras les gusta mucho poner como síntoma de enfermedad mental “aspecto desaseado”. Y si nuestras ropas estén un poco gastadas o parecen baratas pues también. La idea era reírme de la psiquiatría como disciplina. Si lo saben todo con sólo mirarte ¿por qué cuando les mientes te creen? Me encontraba muy mal, todavía estaba muy drogada y se me notaba. Así que me parece ridículo que escribiese en mi historia que yo estaba bien. Tienen un baremo para medir el bienestar de las personas un poco particular. Nada de lo que le conté al doctor Riobó era cierto. ¿Cómo pudo creer que yo estaba tomando la medicación? Pues en la primera cita le conté que aún me quedaba del hospital, que me habían dado medicación para casa de la que allí tenían (no era verdad, de hecho les devolví la medicación del fin de semana de permiso—te dejan irte para casa dos días antes del alta definitiva—haciéndoles creer que me habían dado de más, por vacilarlos un poco). En la segunda cita, le conté que mi madre acumulaba mucha medicación psiquiátrica en casa (bajo ningún concepto quería contribuir al negocio farmacéutico pagando ni un solo euro ni que lo pagase la seguridad social con dinero público por mí). Como estrategia para que Riobó me diese permiso para dejar la medicación me inventé que quería quedarme embarazada. Me dijo que si quería podía dejar la medicación o podía seguir tomándola. Que daba igual (¿cómo puede dar igual? y que ¿ahora? se sabía que no le hacía daño al feto, que se podía. No pregunté a propósito qué medicación era. Él no me lo dijo en ningún momento. Tampoco que no bebiese alcohol. Ni cuál era la función de cada substancia ni cuántas pastillas eran. Pues resulta que era: “olanzapina 10 mg, 0-0-1 Fluoxetina 20 mg, 1 comprimido al día y, si insomnio, 1 comprimido de Lormetazepam 1mg. Si persiste insomnio: repetir” (no entiendo lo de ‘repetir’, ¿tomar dos?). Nunca mencionó el diagnóstico y yo pensaba que no tenía ninguno. Al pedir recientemente mi Historia médica, hizo un breve informe (a la medida de sus pocas ganas de trabajar) y puso con toda su caradura ‘episodio psicótico’. Se lo sacó del bolsillo. En ninguna otra documentación previa aparece tal cosa. El doctor Riobó me animó a quedarme embarazada (en presencia de una MIR, que sonreía) sin ingresos. Se sabía que había sido agredida por miembros de mi familia y además había sido ingresada por ‘agitación psicomotriz’ (aunque esta parte es falsa, nunca agredí a nadie). En mi historia pone ‘heteroagresividad verbal y física en domicilio’: lo gracioso de esa parte es que mi madre jamás dijo que nada sobre ‘agresividad verbal’. No les llegaba con que poner por escrito las mentiras de mi madre, añadieron cosas de motu propio. La creatividad del psiquiatra. Por un lado, la medicación que pretendía que yo tomase embarazada podría inducir en mí psicosis (podría matar a mi bebé) negligencia en el cuidado del bebé (no cuidarlo bien, olvidarme de darle de comer, de bañarlo) y por otro, problemas de desarrollo del bebé y síndrome de retirada/abstinencia una vez nacido al dejar de recibir la medicación. Amamantándolo podría prolongar un poco el proceso. Que siguiese recibiendo un poco de droga psi- un ratito más quizás en menor dosis. Dejé de ir. Me recuperé. Mi cuerpo poco a poco se deshizo de tanto veneno. Cuatro meses muy duros. Muy muy duros. Al año siguiente, en 2015, me operaron de un quiste de 5 cm en un ovario. Que no es mucho. Pero recuperarse de ese tipo de operación es como recuperarse de haber sido apuñalada en la barriga: un apuñalamiento controlado (contracturas en las cervicales y las lumbares, vértigo, mareos). Y me hice mucho daño podando un árbol en la espalda. Tuve que ir muchas veces a urgencias a que me pusiesen antiinflamatorios. Me aconsejaban cada vez que fuese a fisioterapia privada y yo no tenía dinero en ese momento. Mi familia sí tenía dinero. A excepción de un par de médicas, todas me trataban muy mal, con mucho odio como si hubiese hecho algo malo. Me hablaban sobre mi ingreso y mi estancia en psiquiatría. Me preguntaban si tomaba la medicación—yo en aquel momento aún tenía el alma en carne viva por la violencia sufrida—en vez de hablar sobre el problema de salud por el que acudía. Pasé mucho miedo la primera vez que fui al hospital después del ingreso en psiquiatría de 2014, en la navidad de 2015. Fui sin dinero, sola. La mujer que estaba en triaje (no era médica) muy maleducada, escribió que acudía por ‘ataque de ansiedad’, nunca he tenido un ataque de ansiedad en mi vida y yo no dije eso, yo hablé de la espalda y de un accidente. Me intentaron dar ORFIDAL sin decírmelo. ¿A una persona que está sola y no sabe cómo va a regresar a casa? Al final mi padre accedió a ir a buscarme al hospital. Conseguí que me hiciesen una radiografía. Y me inyectasen antiinflamatorios. El médico escribió en mi historia algunas tonterías como que hablaba acelerada. Antes de ser atendida me había tenido 2 horas esperando—de pie—después de haber estado todo el día de pie porque no podía sentarme ni tumbarme. Tuve mucho miedo de acabar encerrada, atada y todo lo demás. Suelo ir a las urgencias al ambulatorio siempre primero por seguridad. Pasaré mucho miedo la próxima vez que me vea en el brete de ir a urgencias al hospital. Fui otra vez pero acompañada de una diputada autonómica de Podemos y se notó el cambio de actitud. Ese día no sé qué podría haber pasado si hubiese llegado sola porque llegué gritando de dolor (ginecológico). Vomitando. Cegada completamente por el dolor. Estaré en peligro y pasaré miedo todo el resto de mi vida. Si no cambian las cosas. Necesito borrar mi historia médica. Todas, todos y todes lo necesitamos. Tuve que cambiar cuatro veces de médica de atención primaria. El problema es que tienes que esperar 6 meses para cada cambio. La primera a pleno grito me dijo “eres una enferma mental como tu madre”. A pleno grito en el ambulatorio. La 2ª que la regla no dolía y la endometriosis se arreglaba con fluoxetina. Y la 3ª, bueno, en fin… demasiadas cosas. Justo ese ambulatorio, en Mos, fue construido en una pequeña parte de los amplios terrenos de un hospital psiquiátrico abierto en el año 1979 como tal (antes albergó enfermos de tuberculosis) que se supone que supuso una revolución en el trato y no. Mucha medicación y cero esperanza. El 20 % del infierno sigue siendo un lugar muy terrorífico. Ni estoy segura de que sólo fuese el 20%. Con la cuarta médica de atención primaria, estaba en lista de espera para operarme de dos grandes quistes de endometriosis, uno de ellos 12x10x11 cm, el otro algo similar, de endometriosis (me hicieron esperar 4 meses y medio en un estado de mucho dolor, no me podía sentar, no podría ir en coche, no me podía vestir ni salir de casa) había acudido a su consulta—con ropa vieja y floja que aun así me lastimaba— para que me diese algo para el dolor. Y para dormir con dolor. En esos 4 meses y medio tomé diazepam y zolpiden (Stilnox®) a diario para poder dormir con mucho dolor e ir sobrellevando la espera. Me dijo “pues tienes pinta de enferma mental” y además “¡11 días!”. Con frecuencia me encuentro con médicos que parece que nunca han visto a una persona que experimentando mucho dolor y buscan explicaciones extrañas como que estás loca. Que podrías estarlo y además estar enferma. Una cosa no excluye la otra. Incluso teniendo delante de ellos la información. Volviendo a la Semana Santa de 2014 y mi encierro forzoso, el médico del PAC (ambulatorio, urgencias) que me atendió en el fin de semana de permiso –previo y necesario al alta definitiva—del vértigo por las correas (necesitaba simplemente una inyección de antiinflamatorio) se rio de mí. Tengo su nombre. Le pareció muy divertido que me hubiesen atado, medicado a la fuerza y me hubiesen encerrado en un planta de psiquiatría. Y la enfermera que estaba con él ni se inmutó. Me revienta la impasibilidad de las enfermeras. Que se comporten como si fuesen las empleadas de los médicos. Que no se atrevan a reprender a los médicos por el trato que dan a los pacientes, que no tomen parte en defensa de los pacientes. Esta enfermera me dijo que había participado en el dispositivo del 061. Una enfermera rasa sin formación específica por supuesto. Es posible que tenga su nombre. De 2014 a 2018 (en función de cómo estuviese y se sintiese ella, no yo… bueno sí, hace esas cosas cuando yo estoy vulnerable por mis problemas de salud física) en múltiples ocasiones mi madre llamó a la guardia civil inventándose cosas en un intento de conseguir que me encerrasen de nuevo y en todas esas ocasiones, para evitar que lo hiciesen, me llevasen, yo simplemente salía de casa y caminaba, a la hora que fuese, durante varias horas. Nunca más me arriesgaré a intentar dialogar con la guardia civil o algún psiquiatra. Una semana antes de una operación finalmente por vía de urgencia el 18 de enero de 2018, mi madre hizo otra de sus llamadas… hacía mucho frío pero salí a caminar, con muchísimo dolor, de noche, pobre de mí, hasta que pensé que sería seguro regresar a casa. Si la encuentran sola, no pueden hacerme nada. De todas formas, en el informe del PAC (urgencias, ambulatorio) no dicen haber presenciado nada (aunque mienten, tergiversan y exageran… no dice haber presenciado ninguna de las cosas que mi madre afirma que yo hice): “A nuestra llegada la paciente sale de casa, está muy alterada, gritando y llora… dice que todos están contra ella, que su familia es la que la agrede. Muy nerviosa y agitada. Conseguimos que se siente y se calme un poco y nos cuente qué le pasa.” Maria Vanesa Muñiz Mariño, 15/04/2014 21:20 Ni estaba tan alterada ni gritaba (sobre todo no gritaba). No sé si lloraba. Jamás dije la frase “todos están contra mí”: yo no hablo así (no sólo porque la frase esté mal construida… sería ‘en contra de mí’). La palabra ‘agitada’ me pone de muy mal humor. Me parece ofensiva. Se sienten psiquiatras usándola. No estaba fuera de mí y no consiguieron calmarme ellas, no estaba tan alterada como dice María Vanesa. “Todos están [en] contra [de] mí” sirve para tratar de describir a una persona que sufre de paranoia. María Vanesa decide deliberadamente contar una historia, y no anota deliberadamente todo aquello que contradiga esa historia. Le enseñé a ella y a dos guardia-civiles documentación de haber sido agredida en dos ocasiones. Les conté lo de la denuncia que el médico había puesto en 2008. Les enseñé el radiador que mi hermana había lanzado desde el primer piso, todo destrozado. Lo importante es que nadie vio nada. Todo se reduce a describir—no de forma fidedigna, con muchos fallos—una mentira que conozco muy bien. Y que mi madre ha repetido muchas veces. Nadie confirmó esa historia. Nadie necesitó atención médica por haber sido agredido por mí. A día de hoy, aún no conseguí saber cómo se llama el doctor que ordenó el ingreso forzoso, que hizo que varias personas me agarrasen en una sala de urgencias, y me pinchó lo que fuese (tampoco lo sé) en 2014. Es un fantasma. No aparece en ninguna documentación. Puse dos quejas y me ofrecieron hablar (tardaron muchísimo en responder) —primero—con la doctora que me había humillado y torturado en planta. Se supone que yo tendría que acudir a la planta de psiquiatría a su despacho corriendo muchos riesgos: ser encerrada de nuevo por la fuerza, más difamación en mi historia médica. Me negué. Me pareció una trampa, una provocación. Entonces, me ofrecieron hablar con el jefe de Servicio del área de Vigo (el terrorífico y grimoso Olivares) a lo que también me negué. Es un señor que da mucho miedo. Es el responsable de toda la violencia psiquiátrica que tiene lugar en el área sanitaria de Vigo. Se declara psiquiatra biológico. Y es terriblemente reaccionario y machista. Y no oculta como piensa, regularmente es entrevistado en el periódico La Voz de Galicia. Puse las quejas para demostrar que no sólo no les importa la violencia sino que forma parte intrínseca de como ellos conciben su “trabajo” y la psiquiatría, jamás tomarán ninguna medida. Son irrecuperables como profesionales y unos criminales, de los peores. La bañera para embarazadas de la planta de psiquiatría. En las habitaciones de dos camas había duchas. Las tuberías y los grifos estaban viejas. En múltiples ocasiones a lo largo de aquellos 11 días expresé que tenía mucho vértigo intentando hacerles entender que necesitaba que me inyectasen antiinflamatorios. Pero el personal es duro de entendederas, incapaz de procesar información sencilla. Y yo temía insistir. Dije que tenía vértigo y me ofrecieron bañarme en la bañera. No entendí el razonamiento. ¿Por qué era más fácil ducharse en una bañera? No creo que me hubiesen dejado llenar la bañera y permanecer mucho tiempo relajándome. Se supone que a la hora de levantarnos teníamos que hacer todo rapidito. Acepté pese a tener la sensación de haber participado en un diálogo de besugos. Pensé ¡dios mío!: ¿Embarazadas en la planta de psiquiatría? ¿En qué mundo vivimos? ¿Es tan habitual que sean encerradas embarazadas? Tener novio. O no. No estar casada con más de 30 años. Haber roto recientemente. Que tu novio sea extranjero y no esté podre de dinero. Que tu novio tenga un coche de segunda mano. Que tu novio no tenga coche. Que tú no tengas coche. Cualquiera de esas situaciones puede ser considerada un síntoma de enfermedad mental (un trastornito de personalidad). Y sobre todo las mujeres no vamos a la universidad a estudiar de verdad. Sino a buscar marido. No tener trabajo o tener un trabajo no acorde con los códigos de clase franquistas. En mi caso por ejemplo, siendo hija de obrero, traducir una novela cuyos ingresos obtendré sólo una vez terminado el trabajo es un síntoma de enfermedad mental. Tienes que trabajar para otros. Sufrir menstruaciones discapacitantes no cabe en la ecuación. No explica la imposibilidad de tener un trabajo comme il faut. El cerebro del psiquiatra fascista (neopliberal) no lo procesa. Ser profe de clases particulares es un síntoma de enfermedad mental. Los no enfermos prescriben anfetaminas a los niños y a las niñas si tienen mala letra y se aburren en clase o que aún no saben leer. Los no enfermos sueñan con que les dejen aplicar electroshock a niñxs y embarazadas o ya lo hacen. Me presenté a las primarias de Podemos al Consejo Ciudadano Estatal sin saber si tengo fuerzas; pero estoy tan harta de tanta violencia. Me avalaron 1270 personas como paso previo.