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Muchos
edificios en la zona de Beiramar en Vigo están abandonados. Otros están
todavía en funcionamiento: conserveras, astilleros, empresas
frigoríficas. Recuerdos de una época en la que la ciudad trabajaba
eufórica en un intento impaciente de crecer y
dejar la miseria atrás. Las huellas de un tiempo en el que un pueblo
encontró su libertad, su identidad y su pan en el mar, destacando entre
todas las naciones, sin nada que perder. Espacios de futuro.
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